El viernes 3 de septiembre en la ciudad de Castelar una nueva familia se enteraba del asesinato a sangre fría de su hijo Nicolás Arroyo.
Nico, como lo llaman (llamaban) sus amigos, había salido de cursar de la Universidad de la Matanza cuando paro su auto en un kiosco para que su amigo baje a comprar. En ese momento, los malvivientes se acercaron al vehículo y en un intento de asalto lo fusilaron de un disparo en la cabeza.
El joven estudiante tenía veinte años, era fanático del Club Atlético Boca Junior y vivía en la localidad de Ituzaingo. Sus restos ahora descansan en el Cementerio Parque Hurlingham.
Nuevamente una vida se va injustamente, una familia es destruida por la inseguridad y la criminalidad con la que actúan los ladrones que siguen libres caminando por la calle quizás buscando otra victima.
JUSTICIA PARA NICO Y SU FAMILIA.

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